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Mis cuentos 1: El chocolate, Innocent dreams, Una lección

Una nueva sección...mis cuentos
 
Eso es algo con lo que empeze, antes de la poesía escribia más cuentos, no fueron muy buenos pero aqui les dejo unos de los que mas me han gustado...notaran que uno se parece mucho al primer poema que publique aqui (este cuento esta en ingles) por que el poema lo pase a cuento para entrar a un concurso. El último cuento fue una idea rápida que tuve y nunca la puli ni pense en algo mejor con el mismo concepto. Así se quedo, pero como quiera es especial por que habla de algo que ya he mencionado mucho...la admiración. El primer cuento también fue hecho para un concurso.
 
Espero que les sea de agrado esta sección...y claro, que les sirva de algo

"El Chocolate"
 

Hace pocos años, en una ciudad muy cerca, había un grupo de jóvenes – que lo conformaban chicos de 18 o 19 años - que siempre salían a la calle a hacer fechorías. Les encantaba ponerse retos entre ellos para ver quien era el más valiente de la banda. Era lo único que sabían hacer.
- Te reto a que lances esa piedra a la vieja chaparra que va caminando por la acera,  dijo Ramón, el líder de la banda a uno de los más nuevos en el  grupo.

- No puedo hacer eso, es una señora ya grande…
- En ese caso, ya no perteneces a esta banda, así que…
- Bueno, bueno, ¡está bien! Lo haré.

Y tomando una piedra, la lanzó, y esta le dio en la cabeza a la pobre anciana que con el impacto de la piedra cayo al piso. Los ojos de la señora se llenaron de lágrimas,  y las personas que caminaban por ahí se acercaron a ayudarla.
Todos con carcajadas, salieron corriendo. Sabían que alguien iba a llamar a la policía. El muchacho salio corriendo detrás de ellos; con un dolor en el corazón que lo mantenía en silencio. Casi mata a una señora por tratar de ser algo que en verdad no era.


Después de varias semanas de lo ocurrido, ya no se acordaban del incidente, con excepción del muchacho que había lanzado la piedra. Sabía que había cometido un gran error.
Ramón planeaba otra fechoría. Y encontró una perfecta para “el nuevo.”

- ¡Tu!, niño nuevo, ve a aquella casa, la que está en la esquina, y entra a robar algunas cosas.
La casa era muy antigua, su fachada lo decía todo.
- Creo que no voy a ir dijo el muchacho temeroso.

 - Es parte de tu entrenamiento. Tienes que empezar con cosas leves.
- ¿Cosas leves? Pensó el muchacho.
- No lo voy a hacer.
 - ¿Ah, no? ¿Quieres que le diga a todos que tú fuiste el que lanzo la piedra a la vieja?

El muchacho, no sabía que hacer. Si la policía se enteraba que el había sido el que lanzo la piedra, de seguro lo meterían a la cárcel.
 - Esta bien, iré - dijo con voz irritada.
 - Así me gusta - dijo Ramón con voz de malhechor.

 

El joven se dirigió a la casa. Volteaba a ver a los muchachos de vez en cuando, pero cada vez que lo hacía, veía como todos golpeaban sus manos una contra la otra. Así que tímidamente llego a la puerta principal, y con mucho cuidado, para no hacer ruido, abrió la puerta y entró. Dio el primer paso dentro de la casa, y vio que definitivamente si era la casa de una anciana. Había un par de gatos en la entrada, durmiendo en una pequeña alfombra llena de polvo. Vio muchas fotografías en blanco y negro. Entró a un cuarto, y vio jarrones antiguos,  muchas pinturas y más fotografías. Hubo una en especial  que le llamó mucho la atención. Era la fotografía de una mujer muy bonita, con unos ojos muy expresivos y una sonrisa que irradiaba felicidad. Sentía que la había visto antes, pero no sabía donde.

- Bienvenido muchacho - dijo una voz de una mujer anciana. Volteo a todas las direcciones, pero no vio nada. Una silla estaba de enfrente a la chimenea que estaba encendida. Ahí estaba la anciana. Supuso que era pequeña por que no  podía ver su cabeza.
- Me da mucho gusto tener visitas. ¿Cómo te llamas?
El muchacho un poco avergonzado dijo: - Me llamo Rafael.
- Rafael… así se llamaban mi esposo y mi hijo.
Rafael volteó y vio la foto de la señora con su hijo y su esposo. Seguía pensando que había visto a esa mujer antes…
- Desde que murieron mi vida a sido un poco más dura. Pero sé que ellos viven todavía en mi corazón. Son la mejor cosa que Dios me ha regalado. Y con mucha razón se los quiso llevar antes.
Rafael no sabía que decir. No quería ser grosero. Acababa de entrar a la casa de una desconocida, y ya se sabía parte importante de su vida.
- Señora, ¿quién es usted?

En ese instante la señora se levanto con un gran esfuerzo, y Rafael pudo ver al fin quien era la amable señora. Tenía un vendaje que cubría gran parte de su cabeza. No lo podía creer. Sintió como la sangre recorría todo su cuerpo. Sus ojos se hicieron más grandes de lo que eran. Sintió como su cara se sonrojaba. Era la anciana a la que le había lanzado la piedra.

- Señora, yo…

- No te preocupes Rafael - dijo la anciana con una sonrisa.

- Sé que no era tu intención hacer lo que hiciste.
Rafael estaba impresionado. No lo podía creer.
- Sabes, le pedí a Dios que volvieras a cruzar por mi camino.
- Señora, le dijo Rafael con voz quebrada - pero si yo he sido malo con usted. ¿Cómo puede pedirle a Dios que vuelva a cruzar su camino?

 - Porque mi hijo fue igual que tú. Cometió el error de meterse con muchachos que no eran apropiados. Gracias a Dios llegó a entender que no era lo mejor para él.
Rafael vio otra foto, pero esta vez salía la anciana con su esposo y su hijo. El muchacho se veía como una persona agradable, no podía creer que el allá pertenecido a una banda. No podía ser.

 - Pero señora, mis amigos nos son muchachos inapropiados…- dijo Rafael, pensando al mismo tiempo la gran mentira que salió de sus labios. ¿Amigos? Ni siquiera sabían su nombre.

Y la anciana con una sonrisa, tomo un chocolate y le dijo:
- Mi hijo decía lo mismo. Y la señora empezó a reír. - Ese muchacho era muy ingenuo, pero gracias a Dios maduró a través de su vida.
Rafael seguía sin entender.

- Mira muchacho, toma este chocolate.
Y Rafael lo tomó, lo probó y se dio cuenta que era un chocolate amargó que tenía un sabor muy especial.
- Si sigues comiendo este chocolate, tu paladar se acostumbrará a él. Por más amargo que sea, un día le tomaras gusto.
Rafael quería escupir los pedazos que le quedaron en la boca, pero no lo iba a hacer frente a una señora. Tuvo que tragarlos con mucho esfuerzo. En verdad el sabor era horrible.
- Ahora toma este chocolate.
El siguiente chocolate era de sabor dulce, empalagoso, pero muy delicioso.
- ¿Ves como el sabor de este chocolate te quitó el sabor del otro? Es tan empalagoso que se queda el sabor por mucho tiempo. Pero no hubiera pasado esto si ya te hubieras acostumbrado al sabor del otro.
Rafael saboreaba con gusto este nuevo chocolate. No podía creer que otros se pudieran acostumbrar al sabor del chocolate amargo.

 

- Señora, estos chocolates están deliciosos - dijo Rafael.

- Aquí tienes más chocolates. Saborearlos y compártelos con los demás.
- Señora, ¿por qué se molesta en darme chocolates?
 Y con una sonrisa, la señora le contesto: No son chocolates lo que te quiero dar.
Rafael por fin comprendió lo que la señora le quería decir.

- Piensa muchacho, todavía hay tiempo.

Rafael tomó los chocolates, y con una cálida sonrisa, le dio un abrazo a la anciana, seguido de un gracias, y fue caminando hacía el lugar donde estaban Ramón y los demás.

- ¿Porqué te tardaste tanto? No tenemos tu tiempo.

Rafael con gran valor en el corazón, les dijo:
- Que pena me dan ustedes muchachos. Ojala un día entiendan lo que en verdad es importante en la vida.
- Si, si basta de historias ridículas, dijo Ramón.  ¿Dónde esta lo que robaste?
Y Rafael tomo uno de sus chocolates, se lo dio a Ramón y le dijo:
- Come un chocolate dulce Ramón. Todavía es tiempo.

Y mientras caminaba en dirección a su casa,  todos los demás muchachos se le quedaban viendo mientras Ramón veía el chocolate con confusión, hasta que Rafael desapareció de su vista. Este nuevo muchacho tomo otro chocolate y lo empezó a saborear. Era el sabor más dulce que había probado en su vida.

 

Marianela Camelo Mendoza

"Innocent Dreams"
 

There was once a playful little boy named John. He lived a great life with the people that surrounded him, and they loved him in return. John loved to imagine that he was a police man, a fireman, and an astronaut. The game he loved to play the most was pretending to be a soldier. John’s dream when he grew up was to become a soldier. He always saw the pictures of these brave men with many medals in their uniforms. They were heroes, and he wanted to become one.

 

Luke was an eighteen year old soldier who was in a place far away from home, fighting for something he didn’t believe in. The persons that surrounded him did not love him at all. He was a charming guy, but since the day he felt the wind of hatred that destroyed that place as a hurricane, his life was changed to the wrong direction. His eyes reflected sorrow; he didn’t have a goal in life. He knew that in this place, there wasn’t space for dreaming. The only thing that a soldier would think about was the word “survive”. That word was an illusion and not a reality in their life.

 

John had these toy guns, and when he played with them, he felt powerful. Every boy wanted them because they were the latest release in “soldiers and co.” toys. He placed his sister’s teddy bears in his bed, and started to shoot each one of them. “Bang, bang” he screamed. But the teddy bears obviously didn’t move. “This is so boring, why they don’t fall?” alleged John. The bears were taken to the closet, punished. They were his enemies.

 

Luke had many types of guns. Just by seeing them, he could feel chills going down his spine. The sound they made was the worst of all. It was the sound of death. Having a gun like that wasn’t something to be proud of. People were standing against the walls, waiting to be executed. Great fear ran through Luke’s body while shooting those men. And when the last one of them fell, a disturbing silence filled the air. Luke just closed his eyes. “They didn’t do anything wrong. They weren’t anybody’s enemies. These innocent people just went though the wrong direction”.

 

John was standing in a pile of toys, shouting with all his heart. “Men, prepare to fire.” He saw himself shouting to all and saying them to kill the enemies. They all obeyed in haste. After a long battle, victory was declared. He along with his troops won it. He was the perfect general. And he hoped one day he would be a real one.

 

Luke was marching with the entire troop. They were heading to the trenches to start a fighting. As the general prepared to give the order, he whispered to himself with sadness: “I wish I didn’t have to do this”. And as the order was given, his heart filled with pain. The fire began. And everybody wished they could choose, but they needed to follow orders. Luke just watched how one by one started falling and he felt death so near he started trembling. All of them were only eighteen years old.

 

John was playing with his friend Mark, and suddenly, John’s little sister launched a doll to him, and he fell to the floor. John went running to help him. When he grabbed Mark, they both started laughing. “You know, part of war is to see someone wounded.” Mark assumed. And John with a grin in his face thought: “I can’t wait to be old enough to go to war.”


Luke was in the middle of battle with his fellow soldiers, and between them was his best friend Robert. In only a second, a bullet had passed his chest. As he fell to the floor, Luke ran to him, and he grabbed his hand. Robert held his hand tightly and wanted to speak, but he couldn’t. He was badly injured. With tears washing the dust from he’s face, Luke shouted with soreness: “Anyone, who truly wants to go to war, has never truly been there before.”

 

After sending Mark to Medical Aid, John started placing all his men in position, when suddenly his mom called. “John, dinner’s ready.” And he picked up his toys, gasped, and thought: “I wish this wasn’t a dream.”
And leaving his game behind, he ran to the kitchen, gave a hug to his mom, sat with his sister and father and started eating dinner.

 

While Luke dragged Robert to Medical Aid, a bullet reached his fragile body. He fell to the floor, and with his weak arm he took out from his pocket a picture of his family. With the few force left on him, he pressed it to his chest. Luke just gasped and though: “I’m fed up to the ears with old men dreaming up wars for young men to die in. I just wish this was a dream.”
And the dead body of an eighteen year old lies in the middle of nowhere, with his best friend’s corpse beside it.

 

Marianela Camelo Mendoza

"Una lección"
 

Que aburrido es el mundo. Es raro que pase algo nuevo, y si pasa es algo malo. Siempre hago lo mismo. Voy a caminar al parque a las 7 de la mañana, regreso a mi casa a bañarme, ir por un café antes de llegar al trabajo y tomarlo mientras leo el diario; llego al trabajo y escucho al jefe gritar, y ya en la noche, llego a mi casa y me duermo. Nunca he entendido como hay gente feliz y que se divierte en este lugar tan patético. No encuentro sentido a mis acciones diarias, solo las hago por costumbre, y no me divierten como cuando empecé a hacerlas. Ya no trato de hacer cosas diferentes por que se que al final me van a aburrir. Solo se que estoy tirado en la cama y que mañana amaneceré en otro día que va a ser tirado a la basurero de lo innecesario.

 

Vuelvo a despertar, y como siempre voy al parque. Voy corriendo ya de regreso cuando veo a una niña junto a un pájaro que canta. La niña trata de imitarlo, pero su voz confunde lo horrible de lo espantoso. Creo que iré a silenciarla.

 

“Niña, ¿no podrías guardar silencio? Hay gente dormida a estas horas de la mañana.”
”Señor, ¿qué no escucha? ¡El pájaro esta cantando!
”Lo se niña, yo también lo puedo oír”.

“Pero señor, no lo oiga, escúchelo.”
”Niña, no me importa escucharlo, siempre he querido matar a todos los pájaros por que me aturden. ¿No te hartas de escucharlo todos los días?”

“No señor, por que mi papá me enseño que hay que aprender a escuchar el canto de un pájaro, ya que el no lo puede escuchar, es sordo.”
“¿Y qué te dijo tu papá niña?”

“Me dijo que aprendiera a escuchar con emoción cada sonido que este a mi alrededor. Es una bendición escuchar los sonidos, ya que muchas personas no tienen la capacidad de hacerlo”.

 

Me he quedado callado. No se que decirle a la niña.

 

“Así que señor, si usted tiene el don del escucha, aprovéchelo.”

Me retiro, y siento como mi alma da un brinco. Esta niña me ha enseñado que todos los días hay cosas nuevas que vivir. Esta en lo simple. Es solo cuestión de poder hacer que eso sea algo nuevo para nosotros.

Marianela Camelo Mendoza

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